Persuasión y perdida
Deberíamos primero definir ¿Qué rayos es la persuasión? Según Wikipedia, y otros filósofos, científicos y demás sabiondos administradores de la página la persuasión es un fenómeno social caracterizado por guiar a la gente hacia la adopción de una idea, actitud, o acción. Entonces, viene el caso, la insuperable persuasión de la perdida, y digo persuasión porque, debido a las características de tu psique, y tu estado anímico actual, has desarrollado un condenado ángel y un demonio a cada lado de tu hombro cual caricatura, una (la más blanca, inocente y por consecuencia, la más estúpida) diciendote una y otra vez que debes intentarlo, que a fin de cuentas, no te has estrellado tan duro, repitiendote sobre la poca importancia que tiene lanzarse al vacío una vez más porque quizás esta vez, y solo esta vez estén abajo esperandote con un colchón de aire, o quizás con un par de brazos alzados; el otro, es indudablemente el lado oscuro, el demonio sabio, el lado prudente, que, en vista de su sabiduría y de cuanto coñazo ha recibido de la vida, te dice pasivamente que, estás perdiendo el tiempo de nuevo, una y otra vez te repite que no estará ahí para ti; e indudablemente califico a esta entidad como mi diablillo personal porque el sabe muy dentro de sus ‘bien intencionadas’ sugerencias que eso no es lo que yo deseo.
Pero, para entender porqué ando tan necesitada de una razón persuasiva que me permita guiarme por un camino determinado, y qué, además estas razones sean argumentadas por dos entidades/fenómenos/alteraciones de mi propia mente es imprescindible saber que causó semejante colapso de mi individualidad, y esa es, sin ninguna duda, y como nos pasa a todos los seres humanos con cierto grado de madurez emocional; hordas y hordas de endorfinas, oxitocina, DHEA, feniletilamina y dopamina; mejor conocido, por algunos como Amor. Y no, para aquellos que lean esto y puedan pensar que quizás estoy saliéndome un poco de los constructos establecidos en los acuerdos relacionales actuales, no me refiero al amor romántico, no hablo de la estupidez mediática de los besos, cursilerias, cartas, o celebrar meses, estar disponibles 24/7, sobrenombres y demás menesteres de las parejas actuales; cuando hablo del enamoramiento, o como pueda definir el efecto que causa en mi, me refiero a la absoluta aceptación de lo que es, sin pedirle que sea nada por ti, ni que haga nada por ti, de ser feliz con lo que el es, y no pretender cambiar nada, incluso, adorar aquellas cosas que odias… esos malos hábitos como poner las botas de seguridad encima de la mesa, y caminar como si tuviera algún tipo de agitación psicomotriz, o su lenguaje corporal, esa odiosa mueca que hace con la boca cuándo se burla de alguna irrelevancia, o lo mal que imita tu acento e incluso odiar su inmenso ego, pero, al mismo tiempo, extrañar con locura todas esas mismas cosas que un día produjeron una tempestad en tu bilis.
Y sí, parte de la persuasión hacia la perdida se debe a la necesidad que tenemos de cerrar capítulos como estos, sobre todo cuando indudablemente te das cuenta que la descarga eléctrica es cualquier cosa excepto recíproca, cuándo después de una cantidad de desilusiones (que más culpa de él, es culpa tuya por esperar algo que no es típico de su naturaleza) porque, te das cuenta, de la maneras menos inimaginada que esa persona no siente por ti ni un tercio de lo que tu sientes por ella y decides por bienestar propio, o quizás por simple egoísmo, acabar las cosas por lo sano, cortarlo finamente, suturar, cerrar, limpiar, proteger… al menos, eso es mejor que preguntarte mil y una vez que actitud o momento malinterpretaste para creer que por un momento los dos se sentían de la misma manera. Por desgracia la única manera que tienes es odiarte a ti misma por algún tiempo y diariamente reprocharte todo hasta que te canses, reacciones y te des cuenta que es hora de salir adelante; también es válido de cuando en vez reprocharle a el, por seguir apareciendo (en caso de que lo siga haciendo), por el hecho de no dejarte sanar, por no dejarte acostumbrarte a la perdida. De ahí vienen los motivos por los que mi ángel y mi demonio personal se materializaron, solo por estar en busca de consejos, o quizás de consuelo, de simple esperanza, para buscar, muy dentro de mi, que debo hacer, como aceptar que a veces, y muchas veces la persona que amas ( y sí, me refiero a amor porque la escala de cariño de ‘te quiero’ ’ te adoro’ ’ te amo’ me parece meramente una estupidez) no te ama a ti, que de vez en cuando te dejaste llevar por algo efímero, algo que no existía, algo que tu solo te imaginaste porque pensaste que las cosas podían resultar un poco diferente a lo estrictamente planeado… pero sobre todo, aceptar que está bien decir Adiós, que está bien dejarle ir, porque a fin de cuenta el es así, y esa es una de las cosas que adoras, pero, que la única manera que encuentres tu centro (de nuevo…) es alejándote definitivamente del vicio. Así, y en vista de como se ha desarrollado el asunto; por lo que veo, mi pequeño diablo me ha persuadido de seguir adelante, no sin antes, desearle a el toda la felicidad del mundo y recordar, aún para mis insignificantes adentros que aquí siempre estará alguien que lo aceptará con los brazos abiertos, porque a fin de cuentas ¿Qué somos para juzgar? ¿Quién somos para juzgar?, ¿Yo? nadie, solo puedo ser feliz por haberle encontrado, y sobre todas las cosas, aceptar la perdida.
Si hay alguien allá afuera que esté leyendo esto y que, casualmente esté pasando por la misma situación, te digo, no hay por qué sufrir y lamentarse solo; si quieres, con mucho gusto hay un ángel y un demonio desempleados a mi lado, que están buscando a quién persuadir… ánimo, Att: Ysabella del Río.

Comentarios
Publicar un comentario