Love blooms

     Abro los ojos, respiro profundo, sonrío, reviso el teléfono, me levanto, vivo, sonrío varias veces al día, duermo. Repeat. ¿Qué pueden tener de especiales los días repetitivos?, esos días en que no haces más que estar en casa trabajando, tomando café, revisando redes sociales, a medio vestir, un poco despeinado y lleno de pereza. ¿Qué hace a la vida misma especial?, ¿viajes?, ¿sexo?, ¿dinero?, ¿aventuras?... siempre me lo pregunto. 

En mi experiencia (y solo en mi experiencia porque es de la única que puedo hablar), mi vida dejó de ser un cuadrado sin sentido cuando deje de preocuparme en llenar y en colorear mi exterior, y me enfoqué en decorar mi mente y mi alma. Suena un poco cursi y sin sentido, como a esa gente que curiosamente solemos calificar de "demasiado sensibles" cuando a veces somos los demás los que nos hemos vuelto demasiado poco. Y sí, es que es muy fácil, decirte a ti mismo que cuando estés más delgado o tengas más dinero o quizás encuentres a la pareja indicada en ese momento estarás realmente feliz y olvidar que lo único que nos acompaña toda la vida son nuestros pensamientos. 

    Muchas veces, solemos relacionar el amor con un proceso bi-direccional y fatuo; eso que se da junto con alguien o que nace del intercambio entre ambos, y no como algo que nace desde adentro. Para mi, encontrar el amor ha sido un proceso de encontrar paz en mi mente, de desenmarañar los hilos llenos de inseguridades y arrepentimientos del pasado y con ellos bordar un camino donde no siento pena o rabia por la persona que soy; creer en mis capacidades y limitaciones para caminar sin cuestionar mis propias decisiones. Y claro, nunca podría decir que ha sido fácil o infalible, pero después de luchar por años con lo que hay dentro de mi cabeza poco a poco los colores han empezado a aparecer y mi mente ha florecido después de un oscuro letargo. 

   Después de mucho tiempo me amo, y como me amo se que puedo amarte, y esa es la única clase de amor que hoy me importa.


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