Carrera de obstaculos

Hola extraño, mon beau génie y mon stalker. Veo que has llegado hasta aquí, al último post del tortuoso camino de los altos y bajos de mi pasado. Ahora me pregunto. ¿Qué pasará por tu cabeza?, ¿Creerás que soy una demente? o quizás ¿qué soy demasiado intensa?; en fin, de más está decir que después del recorrido que hiciste entre mis interminables capas de emociones y experiencias, sabes que mis sentimientos hacia ti son tan sinceros como los que en el pasado sintiera por el protagonista de dichos escritos, si fuera así, no tendría la inspiración para escribir algo como esto. 

Lamento de antemano si mis habilidades de escritura están un poco oxidadas; no solamente deje de escribir hace mucho tiempo, también guardé en una caja mis sentimientos y los enterré en un profundo espacio de mi mente, luego tiré encima de ella  piedras, arena, cal, concreto, madera y arrepentimientos; sellándola con desidia y desinterés hacia lo que me rodeaba, contemplando solo una pequeña parte de mi misma y dejando que la vida pasara sobre mi en vez de vivirla. Y luego, cuando por fin empezaba a sentirme cómoda con una existencia vacía y carente de emociones, llegaste tú, con una demoledora industrial hecha de sonrisas torcidas, lecciones de francés, cubos Rubik y playeras sobre cultura pop y destruiste los gruesos muros construidos por años con el simple objetivo de sacar la caja de los escombros, cual niño que encuentra un tesoro curioso en una casa vieja y marchita.  

Hace unos años escribí sobre dos acompañantes, un ángel y un demonio, tenían tiempo sin aparecer, pero, tan pronto empezaste a derribar el muro, los dos volvieron a sentarse en mis hombros, más viejos y pesados. Creo que después de tantos años desempleados y encerrados, decidieron comer y dormir con la esperanza de que el sedentarismo y el olvido los matara a ellos también. Pero aquí están,  compitiendo por tomar el control, puedo escucharlos en todo momento, murmullan, influyen, nunca se callan, siempre están conmigo. El ángel, me llena de palabras de aliento, me dedica ánimos y energía, me da toques en las mejillas para que sonría cada vez que escribes un mensaje, y bombea sangre a mi rostro cada vez que dices algo bonito sobre mi; ha tenido que trabajar el doble de duro, el demonio no se la deja fácil... yo tampoco. Por otro lado, el demonio sigue siendo protector; quizás demasiado, y sigue alentándome a abandonarlo todo. Me dice que será difícil, que quizás no se de, que si la distancia, que si el idioma, que si todas esas cosas que decimos por una pantalla pueden esfumarse al momento en que estemos uno al lado del otro; ha sido capaz de hacer dudas en varias oportunidades de todo y ha abierto nuevamente su repertorio de excusas, buscando alguna que me sirva para detener las cosas en caso de que se pongan muy complicadas. Intento entenderlo, se que tiene miedo, sé que tenemos miedo; la química, los kilómetros, el tiempo, el compromiso, son cosas que asustan hasta el más valiente, mucho más a este ser inseguro que ha estado dividido en tres partes por tanto años; solitarios, cansados y poco amables con la vida que les tocó vivir. 

Sin embargo, y después del torbellino que he decidido confesarte, debo admitir una cosa más; y es que en este preciso momento pienso en tus ojos y sonrío, los tres lo hacemos; que asombroso poder tienen un par de ojos en hacernos sonreír como idiotas, en hacer que muerda mis labios intentando que mi sonrisa no sea tan grande, tan obvia y tan llena de emociones, que distinto se siente sentir algo, después de tantos años, mis hombros empiezan a sentirse más ligeros. 


Para terminar solo me queda decirte, que si está en tus posibilidades, por favor apuesta por el ángel, yo lo estoy haciendo, parece ser que es quien va ganando la competencia. 

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